Tener cincuenta y pico de años y ser padre de cuatro hijos, entre muchas otras cosas, me ha enseñado que una de las primeras cosas a las que aprendemos es a oír. Está demostrado que el feto, dentro del cuerpo de su madre y en su placenta , ya oye. Y que después de nacer, en sus primeros días, reconoce los sonidos, las voces que oía allí adentro. Después, instintivamente, como si lo supiera, sabe hacerse oír con sus lloros cuando siente situaciones y necesidades. Pasan años y el niño sigue acostumbrado a oír y a hacerse oír por los demás, sobretodo cuando quiere algo. Pero ... ¡cuanto cuesta enseñarles a ESCUCHAR!  Les tienes que decir las cosas mil y una de veces para que dejen tal o cual comportamiento o costumbre. Oyen sin detenerse a escuchar, yo diría que sin entender, pues olvidan lo oído y vuelven a sus andadas, jejejeje ¡son niños!!!  Hay que perdonarles su comportamiento, pero sin dejar de enseñarles a escuchar, es decir, a entender y hacer propio lo que oyen.

  No es un problema que los niños sean así, es propio de ellos. El problema es cuando los mayores aún no hemos aprendido a escuchar, o bien no queremos practicar la escucha.
  El evangelio de hoy jueves de la XXIII semana del tiempo ordinario, empieza oyendo decir a Jesús: 
"En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: A LOS QUE ME ESCUCHÁIS OS DIGO: ..." Lucas (6,27-38)
Y vaya si les dice y nos dice, la cosa está en si sólo oímos o si en verdad oímos y escuchamos.
  Hoy me alegró sobremanera la publicación de un querido sacerdote en facebook, acerca de este evangelio de hoy:
El Evangelio de hoy es todo un programa pastoral para el Sínodo, antes del Sínodo y después del Sínodo. ¿Quienes son los que están más alejados de Dios? Aquellos que no quieren oír hablar de la misericordia, una palabra que les enfurece.
 Claro que se está refiriendo al Sínodo de los Obispos sobre la Familia, y que los alejados a los que se refiere son los que están en situación irregular. Y la pregunta en sí, es: ¿Quienes están más alejados de Dios, los que están lejos por su condición, o los que creemos estar cerca?  
Toda una reflexión y meditación para estos días próximos a la re-apertura del Sínodo en Roma.

 No deberíamos de confundir la voz de Dios con la voz de los hombres. A veces nos ocurre que asociamos la Palabra con las ideas, y nos confundimos. Nos pasa como al profeta Samuel, que siendo un niño consagrado por su madre a Dios y que vivía en el templo, oímos la Voz de Dios y la asociamos, creemos que es la voz de los hombres. Leamos 1 Samuel 3, 1-10. Es un claro ejemplo de lo que puede estar ocurriendo con la Iglesia en este tiempo de confusión, tal vez escándalo para muchos e incertidumbre. Por encima de Elí, del Papa Francisco, deberíamos ESCUCHAR la voz de Dios hablar de Misericordia, dejando de lado los partidismos que separan. 

El que a vosotros escucha, a mí me escucha. Dijo Cristo a sus discípulos. Escuchemos la Voz de Dios, la voz de su Vicario y dejémonos transformar por el entendimiento de una escucha en silencio, en la presencia del que nos llama a ser misericordiosos, como Él es misericordioso.


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