En aquel tiempo, subió Jesús a una barca,
cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. ... Mt 9, 1-8

Ya en su discurso a los cardenales en el pre-cónclave del 9 de marzo de 2013, Bergoglio afirmaba: “Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”. Aquel discurso delineaba, como anticipo, el programa de su futuro pontificado. El cristianismo debe dirigirse, sobre todo, a los pecadores, no a los sanos, a los alejados, al hijo pródigo, a aquellos que no habiendo conocido a Cristo se han visto privados del afecto del Padre. Están alejados del “centro”, que no es la Iglesia como institución sino Cristo.
Las “periferias existenciales” vienen dadas por aquellos que, pobres social y espiritualmente, se ven privados del amor de Dios y de los hombres. Es la condición del hombre contemporáneo, donde la contradicción entre pobreza y riqueza se ve trágicamente exacerbada por una globalización sin escrúpulos, donde la secularización ha desertificado el alma hasta el punto de que el centro, el corazón de Occidente, se ha convertido en una única, enorme, “periferia existencial”.
No faltarán las voces de algunos, que como entonces a Cristo, dirán: «Éste blasfema.» ¿Quién se cree que es este tal ...? Pero conociendo Jesús TODOS nuestros pensamientos, nos ha dado su Espíritu  para conocer su meta y su respuesta. No hay que temer.

Intenciones:
Para que la Iglesia, consciente de sus propios defectos, ofrezca humildemente compasión y perdón a todos los que yerran, y llegue a ser en nuestro mundo signo e instrumentos de reconciliación. Oremos.
Para que sepamos mostrar especial cuidado y amor por los minusválidos, por los niños paralíticos o en silla de ruedas que nunca podrán jugar, por los ciegos que nunca podrán ver el mundo lleno de color creado por Dios, por los sordos profundos que nunca podrán oír o cantar canciones de alegría. Oremos.
Para que nuestros hogares sean lugares de mutuo entendimiento, comprensión y reconciliación; que los jóvenes aprendan de sus padres a perdonar ofensas y a aceptarse mutuamente en su diversidad e individualidad. Oremos.

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