En su caminar diario, los ojos de Jesús están abiertos a todo y a todos. Nada ni Nadie se escapa de la mirada de Dios.
Si ha sido su “MISERICORDIA” la que ha pasado y nos ha mirado, entonces nos ha invitado a seguirle. Y en el seguimiento, necesariamente uno no se encuentra contemplando siempre el mismo paisaje, pues el paisaje cambia según vamos con Él caminando. Ni se encuentra uno siempre con el mismo tipo de personas, sino con una inmensa diversidad de ellas, a las que hay que aprender a amar y no mirar con nuestros ojos, sino con los ojos de Jesús. Lo importante en el camino no será poder decir: “Veo”, sino preguntarse, ¿con qué ojos miro?





La mirada misericordiosa, no buenista, de Jesús a Mateo (en el evang. de hoy) es lo que hizo que éste se levantara y le siguiera. Gustó la “misericordia”, y la llevó a su casa para compartirla con todos los demás. Aprendió lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”.
Esto es, entre muchas cosas más, lo que dijo el Papa Francisco en la Audiencia Jubilar, el pasado 30 de Junio:


 “Quien ha experimentado en la propia vida la misericordia del Padre no puede permanecer insensible frente a las necesidades de los hermanos”

La fe vence siempre porque transforma en victoria incluso la derrota, pero no es algo “mágico”, es una relación personal con Dios que no se aprende en los libros, porque es un don de Dios, un don que hay que pedir. (Esto es, en síntesis, lo que dijo el Papa en la Misa de la mañana en Casa Santa Marta el 14 Enero, 2016)
“Una cosa es hablar de misericordia, otra es vivir la misericordia”. ( El 30 Junio, 2016)
“A Jesús se lo conoce siguiéndolo, antes que estudiándolo” (19 Junio, 2016)
Y como colofón, estas son algunas de las últimas palabras públicas del Papa emérito, en la celebración de su 65 aniversario de su ordenación sacerdotal:
Porque “queremos insertarnos en esta ‘gracia’ del Señor y así recibir realmente la novedad de la vida y ayudar a la transubstanciación del mundo”. Para “que sea un mundo no de muerte pero de vida, un mundo en el cual el amor ha vencido la muerte”.
Todo un reto para que, en el seguimiento a Jesús, seamos misericordiosos como el Padre.


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