«Dios no abandona a su Pueblo, 
sino que actúa y salva»  
Catequesis del Papa Francisco, miércoles 27 de Enero de 2016.

Cuando Dios actúa a favor de su Pueblo o de determinadas personas,  ocurren dos cosas: Su actuar, en unos produce luz, liberación y salvación, mientras que en otros produce escándalo, disensiones, conflictos, desavenencias, oposiciones,…

Moisés tuvo que afrontar y combatir todo tipo de murmuración y descalificaciones por parte de un pueblo duro de cerviz, olvidadizo e ingrato, forjado en la esclavitud y temeroso de la libertad.


Los profetas que hablaron la Palabra de Dios, así como Esdras y Nehemías que retomaron esa Palabra y le dieron la importancia que tenía, en su tiempo tuvieron que trabajar ardua e incansablemente, soportar, sufrir, incluso derramar sus vidas como libación sobre el sacrificio y el servicio de la fe de los demás en tan encomiable y divina labor de reformar la vida práctica del pueblo de Dios. Qué decir de san Pedro y san Pablo. Tuvieron que sufrir duras luchas y oposiciones, tanto desde dentro como de los de afuera. “…nuestro cuerpo no tuvo ningún reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores.
Pero Dios, que consuela a los deprimidos, nos consoló…”  (2Cor 7, 5-6)




Y es que ya lo profetizó el anciano Simeón a la Madre del Señor: “He aquí, este Niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción” (S Lc 2, 34)


No vivimos tiempos distintos a los que les tocó vivir a los antiguos.
 Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.  ¿Hay algo de que se pueda decir: Mira, esto es nuevo? Ya existía en los siglos que nos precedieron. (Eclesiastés 1, 1-10)


El año 2017 también viene marcado por fuertes murmuraciones y oposiciones. Se siguen escuchando voces y el rasgar de muchas vestiduras ante las determinaciones magisteriales del Papa Francisco, entre otras cosas por la próxima celebración de los 500 años de la Reforma Luterana. . Voces que no han surgido ahora, sino que tienen ya 54 años y a las que el Papa san Juan XXIII llamó: “Profetas de Calamidades”




Os paso enlace, así como algunas citas del discurso de san Juan XXIII, en la apertura del Concilio Vaticano II, el 11 de Octubre de 1962.
https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/es/speeches/1962/documents/hf_j-xxiii_spe_19621011_opening-council.html

Venerables hermanos:

Gócese hoy la Santa Madre Iglesia porque, gracias a un regalo singular de la Providencia Divina, ha alboreado ya el día tan deseado en que el Concilio Ecuménico Vaticano II se inaugura solemnemente aquí, junto al sepulcro de San Pedro, bajo la protección de la Virgen Santísima cuya Maternidad Divina se celebra litúrgicamente en este mismo día. …
El gesto del más reciente y humilde sucesor de San Pedro, que os habla, al convocar esta solemnísima asamblea, se ha propuesto afirmar, una vez más, la continuidad del Magisterio Eclesiástico, para presentarlo en forma excepcional a todos los hombres de nuestro tiempo, teniendo en cuenta las desviaciones, las exigencias y las circunstancias de la edad contemporánea. …
En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia. …





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