Lecturas del Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

Miércoles, 22 de marzo de 2017

Cada día me enamora más la liturgia de la Palabra que nos propone la Iglesia. Leerla, pensarla, meditarla pidiéndole luz y guía al Espíritu Santo, y que no permita que caiga en saco roto en mi vida. 
Qué contraste entre las dos primeras lecturas, entre la de ayer y la de hoy.
En la de ayer, Daniel 3, 25.34-43, Azarías, puesto en pie oraba en medio del fuego, suplicando misericordia, lamentando el estado del Pueblo de Dios, la humillación que sufría de parte de todos los pueblos de la tierra, y reconocía que todo ello era: "a causa de nuestros pecados".

<<Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados>>

Sin embargo, en la 1ª lectura de hoy, Deut 4, 1.5-9, Moisés exhorta al Pueblo a escuchar y a vivir la Palabra de Dios, entonces revelada a través de mandatos y decretos. Observadlos, cumplídlos, porque esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, ... dirán: "Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación. 

El más pequeño de todos los pueblos ha sido llamado a ser una gran nación. Una gran nación que será reconocida por todos los pueblos de la tierra por su sabiduría e inteligencia, no humana, sino de Dios. Sabiduría que desciende de lo alto y que no es terrena, dirá Santiago.

Moisés termina en la lectura de hoy advirtiendo a los israelitas:
"Pero ten cuidado, guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas, cuéntaselo a tus hijos y nietos."

La tradición, lo que hemos oído es muy importante, sí, pero más importante aún lo que hayamos visto. Y verse, se han visto y oído ya tantas cosas. Se necesita volver la mirada atrás, a lo que era desde el principio. A Dios. Como Job, poder exclamar: 







El beato Pablo VI nos dirá que: El mundo está más necesitado de "TESTIGOS" que de maestros. 

Sobretodo de testigos presenciales, viene a decirnos Benedicto XVI

Azarías supo reconocer su pecado y el pecado de su tiempo. Reconoció no tener NADA a su alcance para alcanzar misericordia, y en medio del fuego del desprecio y juicio humano de Babilonia, supo reconocer su condición.
Hoy también se nos obliga a doblegarnos ante la sabiduría humana, y sino, somos echados en el horno abrasador del abandono y del desprecio. 
Reconocer en qué hemos fallado y rectificar nos hace más personas. No, no se trata de cambiar las cosas. No se trata de darles o quitarles importancia. No se trata de abolir la Ley y los profetas, sino de darles la plenitud. 

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